miércoles, 26 de octubre de 2011

“Vigilar es partirse la cara para que no te lo valoren…”

… y eso, por desgracia, lo sabemos todos los que nos dedicamos a esto, aunque es posible que las cosas estén empezando a cambiar. Al menos esa es la impresión que me llevé el día 21 con algunas señales que pude ver en la celebración del 5º día de la Seguridad Privada en las Islas Baleares.

Espero que nadie se lleve a error por el título, porque la conmemoración de este año no ha sido precisamente un cónclave derrotista en el que los vigilantes, las autoridades y las empresas se hayan juntado para llorar las penas.

En esta ocasión se ha impuesto el sentido práctico y se ha prescindido de las consabidas referencias económicas del sector y la crisis para poner el acento, por fin, en el estado de la profesión (¿no es de eso de lo que se trata con una celebración así?).

Algunas de las informaciones que se han filtrado en los discursos de este año son bastante elocuentes. Por ejemplo, la que arroja una encuesta según la cual la sociedad española califica nuestra labor con un 6’33 en una escala de 0 a 10, es decir, con un suficiente. O el dato de los 99 detenidos a nivel nacional o los 44 detenidos en el País Vasco por ejercer labores de vigilancia y protección de personas (¡algunos incluso de altas autoridades!) sin disponer de la habilitación oficial necesaria, lo que avala la idea de que el intrusismo sigue siendo nuestra mayor lacra.

No es de extrañar pues que los parlamentos de las autoridades estuvieran plagados de mensajes de ánimo y consejos hacia quienes, aún dentro del sector privado, realizamos una ingente labor al servicio de la seguridad pública.

“No crean nunca que llevar el uniforme les hace ser más que los demás. Piensen que el uniforme significa servicio a los demás”, dijo Basilio Sánchez, Coronel de la Guardia Civil; “Compañeros de la Seguridad Privada (…), vuestro potencial preventivo e informativo debe volcarse en las FF. y CC. de Seguridad del Estado, (…) seguid colaborando”, animó Ángel Álvarez, de la Unidad Central de S. Privada en Madrid; “La unión de todos hace la fuerza” sentenció Bartolomé Campanet, de la Jefatura de la Policía Nacional en Baleares.

Pero al margen de estas expresiones de apoyo lo que más emocionó fue escuchar cómo los propios vigilantes utilizamos los pocos momentos en que se nos concedió la palabra para clamar por la dignidad de nuestro trabajo: “Llevo 33 años en esto, y me siento orgullosa de ser vigilante” (Rosa Mª Díaz, 61 años, una de las 3 primeras vigilantes de España “y en activo”); “Hay que difundir más la buena labor que hacemos”, y “¡no puede ser que los vigilantes de seguridad sean nombrados en los juicios por su nombre, apellidos y dni, se nos debe nombrar por nuestro número de TIP, como se hace para proteger a la policía o la guardia civil!” (David Bernabé, Delegado de Halcón Seguridad en las islas).

Parece que de una manera muy tímida, pero con el rumbo adecuado, los profesionales de la seguridad privada empezamos a ser conscientes de que este trabajo nuestro, bien hecho, no sólo es una manera tan honesta de ganarse la vida como otra cualquiera, sino una tarea de la que podemos y debemos sentirnos satisfechos por lo mucho que aporta a la vida pública.

El día 21, en la finca Son Termens de Bunyola, daba gusto notar ese orgullo también en las familias reunidas en torno a los premiados. Porque esto es precisamente lo que somos: ni matones de discoteca, ni chulos, ni prepotentes como algunos se empeñan en retratarnos. Sólo gentes que intentan hacer bien su trabajo y sacar adelante a sus familias, con su cuerpo como paragolpes y muy escasa protección legal.

Si podemos hacer entender eso, sin duda, acabará por producirse el cambio que nos traiga el reconocimiento moral que nos merecemos.

“La seguridad es el barómetro en el que se miden las sociedades modernas y libres (…). Gracias a los que os rompéis la cara cada día en la calle (…), por vuestra dedicación y sacrificio aunque pasen desapercibidos (…) porque si no estuvierais vosotros, si no estuviera vuestro trabajo, sí que lo notaríamos” (Ramón Socías, Delegado del Gobierno en Baleares).

José Miguel Delgado Caro
Vigilante de Seguridad

1 comentario:

  1. Los primeros que debemos ser concientes de que éste es un trabajo muy digno somos los vigilantes. Somos profesionales preparados y cualificados para intervenir en nuestro campo, aunque en muchos servicios intenten utilizarnos como si fuéramos la fregona. Hay que tener vocación de servicio, pero no caer en el servilismo, y tener mucha paciencia para hacer entender a quienes nos contratan que no somos ni perros de presa ni una policía privada para hacer lo que ellos quieran. Nos debemos al respeto a la legalidad y la colaboración con las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado.

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